Bety Dañina Barcelona

Jul 24

día 23 al 25 —Monte Cerignone

 

prácticamente toda la semana pasada me re colgué corriendo y comiendo y poco más. por eso a modo de compensación les dejo algunas fotos de la casa que habitamos y que desde ayer que partió E. es toda nuestra.

el cuarto azul con la escultura de Diana Cazadora lo más pancha sobre un gran felino es algo que me tiene hipnotizada y cada vez que paso la admiro.

nuestra habitación es la fucsia —sencillamente perfecta.


día 22 —de vuelta en Monte Cerignone
el día que llegamos ya me puse a embellecer y tratar los zuecos que había comprado en el anticuario.
verán que hay unos más viejos y otros más modernos, si cabe el adjetivo. tengo especial predilección por los que tienen la correa de cuero, debo confesar.
se usaban sobre el calzado diario, para trabajar en el campo y no lastimarse ni arruinarlos.
me parecen un objeto descomunal y me alegro mucho de tenerlos conmigo, me hacen sentir una mejor persona.

día 22 —de vuelta en Monte Cerignone

el día que llegamos ya me puse a embellecer y tratar los zuecos que había comprado en el anticuario.

verán que hay unos más viejos y otros más modernos, si cabe el adjetivo. tengo especial predilección por los que tienen la correa de cuero, debo confesar.

se usaban sobre el calzado diario, para trabajar en el campo y no lastimarse ni arruinarlos.

me parecen un objeto descomunal y me alegro mucho de tenerlos conmigo, me hacen sentir una mejor persona.


día 21 —Venezia

Venecia, se los resumo a mi humilde entender, es como un Disney del Renacimiento todo lleno de gente y mugre y consumismo alocado de souvenirs —lo que se imaginarán me irritó muchísimo y me dieron ganas de salir huyendo despavorida.

la verdad es que estaba todo intransitable, así que tipo promediando la tarde tomamos la sabia decisión de emborracharnos primero en un bar y después de lo más cómodos en un puente y hacia el atardecer —que por acá es muy tarde, pasando casi las 9 pm— nos acodamos en un muelle.

cerramos la noche con una alegre borrachera en otro bar y cuando nos acordamos de cenar solamente había silencio y kebabs.


día 20 —Slovenija

exactamente así es Slovenija, de ese verde intenso casi flúo y de esa naturaleza salvaje y para nada emperifollada.

estábamos buscando el lago y no lo encontrábamos, hasta que nos dimos cuenta de que prácticamente estábamos sobre él, casi seco. 

había mucha gente y entonces nos acercamos en expedición donde más se concentraban los grupitos, todos en auto, con cañas de pescar y otros divertimentos y algunas mujeres sobre lonas tomando sol y bañándose como en una especie de embalse donde se había hecho un enorme piletón.

apenas nos acercamos a las inmediaciones, se nos acercó un esloveno gigante y bestial todo borracho, chispeante y entusiasmado, con un remo en una mano y toda la panza arañada, rasguñada y en sangre viva, que nos empezó a hablar a los gritos en un casi perfecto español y nos hablaba de la tierra —su tierra— y que disfrutáramos de la naturaleza que había puesto todo ahí para eso. también nos contó —y lo vimos con nuestros propios ojos— que el embalse lo habían hecho ellos con rocas y bolsas de nylon para tener un piletón natural durante el verano, entonces estaban todos con enteritos tipo jardineros de pescadores y botas de goma por arriba de las rodillas, con unas espaldas descomunales y todo barriga, meta acomodar piedras y rocas para aguantar el agua.

nos quedamos mudos y un poco shock ante tanta fuerza bruta y salvaje, ante esa cosa primitiva y rudimentaria, por momentos temible y por momentos encantadora.

después también nos decía que el agua salía de «un coño gigante» que lo daba todo, que lo mojaba todo y lo empapaba. muy guarangada matriarcal.

yo le tenía mucho miedo al pibe porque parecía re volátil, además de estar re borracho y demandar muchísima atención, hasta que un momento tuve como un click interno y me di cuenta que me generaba exactamente lo mismo que me genera mi hermano del medio, que también tiene esa violencia salvaje que te da mucha ternura y cariño pero un temor muy profundo ante la imprevisibilidad de su conducta, como que nunca sabés para qué lado se le puede piantar.

y era igual, el mísmo físico gigante todo arañado de juncos o raspado contra las rocas o de un cuerpo a tierra cazando, los ríos de alcohol en cualquier circunstancia, peligrosa o no, tirarse por kilómetros de rápidos en una cámara de tractor sin salvavidas ni casco ni nada —el asumir encantado y muy naturalmente ese tipo de riesgos.

me está pasando como de tener una reconciliación existencial con mi hermano. como que ahora lo puedo ver mucho más en contexto y antes me parecía totalmente ajeno y sacado. 

ahora veo que hay un rifle ancestral.


día 20 —Postojna, Slovenija
salimos por la ruta y terminamos en Postojnska Jama, una cueva muy zarpada de la que no tengo fotos porque salieron todas pésimo, imaginen la oscuridad, etc. —además de un frío de novela de 10º cuando afuera veníamos de un calor súper agradable. 
el lugar es impresionante y te flashea, pero a mí particularmente todo lo que es turístico me tira muy para atrás y me aburre a la quinta persona que me cruzo.
después volvimos a mirar el mapa, vimos que por ahí cerca había un lago y decidimos seguir la ruta. 
en el camino paramos en un pueblito a almorzar y la verdad es que de la carta entendíamos entre muy poco y ni jota, así que medio a dedo e intentando descifrar palabras compuestas y demás recursos y pedimos lo que después resultó ser esto que ven acá.
bien chancho y hermoso.

día 20 —Postojna, Slovenija

salimos por la ruta y terminamos en Postojnska Jama, una cueva muy zarpada de la que no tengo fotos porque salieron todas pésimo, imaginen la oscuridad, etc. —además de un frío de novela de 10º cuando afuera veníamos de un calor súper agradable. 

el lugar es impresionante y te flashea, pero a mí particularmente todo lo que es turístico me tira muy para atrás y me aburre a la quinta persona que me cruzo.

después volvimos a mirar el mapa, vimos que por ahí cerca había un lago y decidimos seguir la ruta. 

en el camino paramos en un pueblito a almorzar y la verdad es que de la carta entendíamos entre muy poco y ni jota, así que medio a dedo e intentando descifrar palabras compuestas y demás recursos y pedimos lo que después resultó ser esto que ven acá.

bien chancho y hermoso.


día 19 —Sabonje, Slovenija

lápida en el cementerio de Sabonje. vi el nombre y caí rendida ante su encanto —«Pepina».
de más está decir que la nueva agenda implica si Pepina será o no el nombre de nuestra primera hija. 
yo había propuesto Rita, pero también me lo bochó, aunque nada está del todo dicho. con Pepina está el asunto del pepino, pero a mí no me importa, me parece divino y de mucha pregnancia.
de varones está mucho más consensuado porque nos gustan Luciano y Simón.
hete aquí los posibles W.

día 19 —Sabonje, Slovenija

lápida en el cementerio de Sabonje. vi el nombre y caí rendida ante su encanto —«Pepina».

de más está decir que la nueva agenda implica si Pepina será o no el nombre de nuestra primera hija. 

yo había propuesto Rita, pero también me lo bochó, aunque nada está del todo dicho. con Pepina está el asunto del pepino, pero a mí no me importa, me parece divino y de mucha pregnancia.

de varones está mucho más consensuado porque nos gustan Luciano y Simón.

hete aquí los posibles W.


Jul 23

día 19 —Sabonje, Slovenija

esto es Sabonje, el caserío del que salieron mi abuelo y sus hermanos. mi abuelo fue el último en irse, en 1930. el éxodo empezó con mi bisabuela y los hermanos más grandes y se fue completando en el devenir de la década. el padre y la hermana más chica, Anna, ya habían muerto de tuberculosis y neumonía respectivamente.

no diría que es un pueblo y por eso lo llamé caserío. según wikipedia viven ahí 79 personas repartidas en un manojo de viviendas, todo muy pintoresco pero extranísimo, principalmente cuando hablando con la gente —finalmente todos parientes lejanos— te enterás que hubo siempre tres apellidos y que ahora quedó uno muy dominante, que es el de casi todos.

al entrar en Slovenija, durante los primeros kilómetros, no sé, yo estaba muy mirando y viendo. en el auto iba hermanitóxico al volante, Tito de copiloto y N. y yo atrás. como decía, yo iba colgada por la ventana recordando a mi stari ata —que fue un abuelo de una energía tan poderosa y constructiva que tuvimos la imperiosa necesidad de volver a él y creo también que de volver a él a presentarle a nuestros amores —ya saben que yo soy muy del amor y que todo es amor, siempre amor y nada más que amor o desamor y de lo segundo ya perdí el rastro.

me fui de tema. la entrada a Slovenija desde Trieste me reencontró con mi abuelo al toque y en un momento en el que no me ocupé de nada más que de sentir lo que sentía, sin pensarlo ni tamizarlo con especulaciones ni nada, me invadió una emoción tal que empecé a lagrimear con mucha intensidad y mucho sentimiento, una mezcla de dolor con redención que me dejaba llorando muy a gusto y muy serena, un poco escondidita detrás del asiento de Tito mientras él me agarraba muy fuerte de la mano.

fue muy intenso porque justo lo miro a hermanitóxico y él también iba lagrimeando al volante, en silencio, conectado con algo mucho más fuerte, superior, a todos nosotros ahí convocados, sintiéndonos como llamados a vivir sin torturas ni desquicios.

al poco rato llegamos a Sabonje, estacionamos el auto y muy rápido fueron saliendo mujeres de sus casas algo inquietas por las visitas no anunciadas. es que, me imagino, en un caserío así que lleguen cuatro monos en un auto un domingo al mediodía no debe ser cosa habitual. 

como teníamos el acta de inscripción familiar, donde figuran mis tatarabuelos, mis bisabuelos, mi abuelo y sus hermanos, etc. se los mostramos y nos señalaron las tres casas que podrían ser la casa de esa familia. un poco las fuimos sacando por las inscripciones y otro poco por las descripciones que mi abuelo nos hacía cuando nos hablaba de Slovenija, de los caballos en el subsuelo, el arroyo en el que se bañaba, el fondo que daba a la vista de una montaña y así.

mucho de lo que nos decía no entendíamos, pero sí entendimos cuando una de las señoras dijo que la nuestra —nuestro apellido— era «una familia muerta», lo que nos estrujó un poco la panza y nos dio escalofríos, como todo lo que es triste y agónico pero también muy verdad y cierto.

por un momento nos quedamos parados en el centro del caserío, en el silencio más absoluto que se puedan imaginar, así el silencio de un domingo al mediodía en un pueblo de menos de 100 habitantes, viendo a mi abuelo pasar por la calle principal como cuando en 1930, a sus 21, hizo ese camino por última vez prácticamente desnudo e indocumentado.

me flashée que la energía y el amor colisionan y que el tiempo no existe y que en ese entonces sintió la misma cosa muy superior a él y a todo y supo que había vida en otra parte —la nuestra.


Jul 21
día 18 bis —Trieste
esto que tengo para contar es MUY loco, porque nos pasaron un millón de cositas de esas que te sacuden y te dejan un poco en suspenso. 
salimos a cenar muy tarde y el del hotel, que estaba totalmente chapa pero bien, divertido y cómiquísimo, nos llevó a un restaurancito muy local donde el dueño, a pesar de que era una hora ridícula para cenar en Trieste, nos hizo unas gambas en salsa de rabanito blanco picante y una ensalada de rúcula con una vinagreta muy superior y de primo unas pastas con mariscos varios muy buenas. realmente cenamos perfecto. 
el tema es que cuando nos estábamos por ir, siendo ya los últimos comensales, entra un chabón totalmente duro —pero, a ver, he visto mucha gente muy dura en la vida, pero este era como la síntesis de toda la cocaína del mundo en un solo cuerpo, aspecto que además suele ser muy común en mi hermano mayor, especialmente en sus épocas más lamentables y deprimentes.
cuestión que entra este ñato y no va que de despistada hago contacto visual y apenas ocurrió pensé no, man, qué bajón. entra como si tal cosa, un monigote de 2 metros y, no sé, 130 kilos, que todos pensamos onda doblemente bajón si la queda acá o se paranoiquea justo cuando uno está terminando una plácida cena o, peor, mirá si te empieza a hablar. encima de él. rajemos.
quisimos huir pero el del restaurant nos sirvió grappa y nos pidió encarecidamente que nos quedemos hasta que el zarpado este se fuera. el flaco se ve que se puso a peinar y tomar en el baño porque tardó un siglo y cuando se decidió a irse, agarró y se fue como que acababa de salir del baño de su casa. obviamente, totalmente en cualquiera.
en fin. con hermanitóxico nos quedamos atónitos. bien podría haber sido nuestro hermano mayor entrando a las inmediaciones. como que se nos apersonó via cocainómanos unidos o algo así.
después de esa secuencia, salimos a caminar, vemos un lugar flashero arriba de unas escalinatas con una fuente y subimos. una vez arriba, N. se cuelga en con el agua de la fuente y dice qué lindo, qué lindo y «eso qué es» —pregunta.
miro bien y no me queda otra que contestarle con la verdad: «es una jeringa».
plis, chicos, rescatator.
ahora bien, no digan más.

día 18 bis —Trieste

esto que tengo para contar es MUY loco, porque nos pasaron un millón de cositas de esas que te sacuden y te dejan un poco en suspenso. 

salimos a cenar muy tarde y el del hotel, que estaba totalmente chapa pero bien, divertido y cómiquísimo, nos llevó a un restaurancito muy local donde el dueño, a pesar de que era una hora ridícula para cenar en Trieste, nos hizo unas gambas en salsa de rabanito blanco picante y una ensalada de rúcula con una vinagreta muy superior y de primo unas pastas con mariscos varios muy buenas. realmente cenamos perfecto. 

el tema es que cuando nos estábamos por ir, siendo ya los últimos comensales, entra un chabón totalmente duro —pero, a ver, he visto mucha gente muy dura en la vida, pero este era como la síntesis de toda la cocaína del mundo en un solo cuerpo, aspecto que además suele ser muy común en mi hermano mayor, especialmente en sus épocas más lamentables y deprimentes.

cuestión que entra este ñato y no va que de despistada hago contacto visual y apenas ocurrió pensé no, man, qué bajón. entra como si tal cosa, un monigote de 2 metros y, no sé, 130 kilos, que todos pensamos onda doblemente bajón si la queda acá o se paranoiquea justo cuando uno está terminando una plácida cena o, peor, mirá si te empieza a hablar. encima de él. rajemos.

quisimos huir pero el del restaurant nos sirvió grappa y nos pidió encarecidamente que nos quedemos hasta que el zarpado este se fuera. el flaco se ve que se puso a peinar y tomar en el baño porque tardó un siglo y cuando se decidió a irse, agarró y se fue como que acababa de salir del baño de su casa. obviamente, totalmente en cualquiera.

en fin. con hermanitóxico nos quedamos atónitos. bien podría haber sido nuestro hermano mayor entrando a las inmediaciones. como que se nos apersonó via cocainómanos unidos o algo así.

después de esa secuencia, salimos a caminar, vemos un lugar flashero arriba de unas escalinatas con una fuente y subimos. una vez arriba, N. se cuelga en con el agua de la fuente y dice qué lindo, qué lindo y «eso qué es» —pregunta.

miro bien y no me queda otra que contestarle con la verdad: «es una jeringa».

plis, chicos, rescatator.

ahora bien, no digan más.


día 18 —entrando a Trieste

un camino de una belleza exuberantísima y una visual muy poderosa.
ya Trieste nos movilizó mucho porque ha sido la «ciudad oficial» —estatalmente hablando— de mi abuelo paterno y es también la unidad administrativa a la que nos dirigimos por cuestiones civiles.
es una ciudad que es mucho —principalmente en todo lo que tuvo que ver con la ocupación italiana, el desdibujamiento de las identidades culturales y la prohibición de la lengua. aunque también es la ciudad que le otorgó un pasaporte y donde se subió a un barco y partió.
es al mismo tiempo algo de dolor y de oportunidad, de trauma y escape. 
un poco como para todo, el canal de salida aprieta pero no ahorca.

día 18 —entrando a Trieste

un camino de una belleza exuberantísima y una visual muy poderosa.

ya Trieste nos movilizó mucho porque ha sido la «ciudad oficial» —estatalmente hablando— de mi abuelo paterno y es también la unidad administrativa a la que nos dirigimos por cuestiones civiles.

es una ciudad que es mucho —principalmente en todo lo que tuvo que ver con la ocupación italiana, el desdibujamiento de las identidades culturales y la prohibición de la lengua. aunque también es la ciudad que le otorgó un pasaporte y donde se subió a un barco y partió.

es al mismo tiempo algo de dolor y de oportunidad, de trauma y escape. 

un poco como para todo, el canal de salida aprieta pero no ahorca.


día 18 —en la ruta a Trieste

día 18 —en la ruta a Trieste