Bety Dañina Barcelona

Jun 30

día 4 —sensación u

a ver, no sé cómo contar todo lo que nos pasó hoy. les juro, no tengo idea ni tono.

en principio, estábamos como las tres de la tarde con hambre y a mí se me ocurrió hacer unas croquetas con el puré que había sobrado de la noche anterior, porque ya saben, me copan los requechos de heladera devenidos en manjar.

E. es como un policía gastronómico que todo lo controla y lo objeta y entonces es muy dificultoso emprender cualquier tarea en la cocina sin ser minuciosamente evaluado tanto en técnica como en resultado. igual, lo cierto es que mis habilidades culinarias fueron muy cultivadas todo este último año así que nos largamos a la aventura sin demasiado temor. bien hecho, porque las croquetas quedaron divinas y además había gorgonzola, parmesano y gouda holandés, con vegetables varios en conserva y piadina y jamón crudo y salamín. la mesa, les digo, era un festín.

pasado el almuerzo, hice mi serie de yoga frente a un paisaje sin igual, me bañé y ya era la hora de partir hacia la visita social del día.

chicos, compartan conmigo la emoción, pero estuvimos tomando vino y charlando hasta las carcajadas en la casa del señor umberto —les pido por favor que hagan una lectura intertextual y entiendan todo. es un personaje tierno y cálido y chistoso y anfitrión y divino y su mujer mantiene un jardín que te quita la respiración. prometo fotos si entramos en confianza, porque es un lugar que te quedás atónito y entendés hasta el final vida y obra. vamos a volver seguramente porque es un amiguísimo y vecino de E., así que esto fue nada más que la entrada en calor. 

después partimos a cenar a Gabbiano, que es un restaurant muy familiar y típico de la zona donde por nada comés como en un banquete divino. cuando digo banquete, es así, onda que empezás con tagliatelle au ragout —algo muy tano expresado en francés, deformaciones de la experiencia políglota— y unos gnocchis con verdura pero que en realidad son tipo arrollado, único en su especie y rarísimo y también unos raviolis de ensueño. después comimos conejo y carne cortada como muy finita con unos hongos deliciosos y pizza —una pizza amasada por ángeles, liviana y sabrosa y rica, rica, rica— cerrando con una panacotta que jamás probaron algo así de suave y espumoso-cremoso hasta el final al mismo tiempo, que se te disolvía en la boca y era una fiesta.

es raro, extraño la intimidad de vivir de a dos y solamente de a dos. la no censura con la que te hablás y te tocás cuando no hay nadie más. extraño ese amor y esa expresión absolutamente libre y desprejuiciada del vínculo —aunque también sé que nos hace más que bien de repente intercambiar con más personas. pero, por ejemplo, ahora estamos todos en el living, muy tranquilos, cada uno en la suya y Tito está acá al lado, pero no es el acá al lado de cuando estábamos solos, es un acá al lado mediado por al presencia de otros. es raro pero está bueno en algún nivel, en el que queda todo para la cama, para el momento en el que nos encontramos solos y acostados y nos comentamos todo lo que pasó durante el día que no podíamos comentarnos ante otros. es una dinámica nueva.

nuestro nuevo mejor amigo es Charlie, el marido de Magalí. los dos me parecen una pareja sensacional y me insipiran mucho cariño aunque sea el día 2 que los conozco pero ya los quiero. gente fascinante como poca y de esa con la que hablás y te entendés todo. 

las cosas no paran de pasar.


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