día 9 + día 10 —lesiones
tengo como la sensación de que me desapareció un día o que me lo comí me parece —literalmente.
esta mañana fuimos a San Marino, que es esa pequeña republiqueta que está emplazada en el medio de Italia. es como cómico, pero agradable y nosotros en realidad fuimos a comprar vinos, pero Magalí lo entretuvo a E. al teléfono justo antes de salir y llegamos 10 minutos pasados del cierre del lugar.
debería bajar las fotos de la cámara de ayer y antes de ayer y así, pero estoy fiacosa para seleccionar y demás.
ayer fuimos a la playa, al Adriático. es como rarísimo porque está todo, absolutamente toda la superficie de arena cubierta de reposeras y sombrillas que no están necesariamente ocupadas. ayer, por ejemplo, éramos pocos pero igual estaba todo montado. me parece que si no alquilás productos, no podés estar. en realidad, ya saben, desde Barcelona que descubrí que no me causan ninguna gracia ni simpatía las playas de ciudad. es más, me deprimen. eso de tirarse al sol con un tacho de basura al lado no es lo mío. creo que desde la experiencia de Japaratinga, eso de estar a un portón de distancia de la playa virgen y tropical sin rastro humano, nada más me cierra. en ese sentido fue una experiencia fatal.
en fin, la cuestión es que no fuimos tanto por la playa como por un restaurancito particular que se encuentra en ella, donde hacen unas pastas muy, muy, locales con unos crustáceos adriáticos ídem —mmm no me volvieron loca para nada y, si me preguntan, no vuelvo tampoco. ojo, no estaba mal, pero no sé. será que soy medio especial para los bichos. por ejemplo, todo lo que sea pescado frío no va conmigo, entonces el antipasto que pidieron que eran todas unas ensaladas con mariscos y sardinas y así, nada que ver.
el vino blanco de la zona, eso hay que reconocerlo, se dejaba tomar muy bien. después cuando pedimos la cuenta nos pusieron en la mesa la botella de limoncello y justo nos agarró en una acalorada discusión sobre alguna cuestión —en general la lógica indica que digo algo polémico que a E. lo pone de los cables y, aunque a veces se da cuenta si lo hago a propósito o no, engrana igual siempre cada vez. cuestión que en ese momento vino a parar la botella a la mesa y no se fue más hasta que nos dio vergüenza haber chupado tanta cortesía y nos fuimos silbando bajito y dejando una generosa propina.
acá es cuando duermo la mona al sol y, acalaroda, me meto al mar. paso siguiente estoy trepada a unas rocas instigada por Tito y next thing you know me corté el pie bastante, dos tajos que me ardían y me molestaban al pisar.
no obstante lo cual al volver de la playa corrimos unos kilómetros tranquilos porque me sentía pesada y poco dinámica. estaba muy húmedo y lleno de bichitos molestos, pero corrí igual hasta el final. del pie ni me enteré.
ayer y hoy precisamente fueron los días que tal vez estuve un poco menos entusiasta. me parece que porque tuve sueños un toque más fuertes y porque mi mamá me lima el bocho en cuanto puede y si me agarra medio despistada, hasta que me doy cuenta y le cierro la mente un poco de desmanes me hace en la cabeza.
contra la presencia materna no hay otro remedio que la oclumancia —al menos en mi caso particular.
