Bety Dañina Barcelona

Jul 20
día 15 bis —más del anticuario
el día antes de encontrarnos con hermanitóxico en Milán, fui con E. a un anticuario al que él suele ir y de donde salieron prácticamente todos los muebles que componen esta casa. en realidad, no es un anticuario propiamente dicho, es más bien un mercado de pulgas de un solo dueño, de muchos galpones y plantas donde tenés de todo lo que se te ocurra y a precios más que razonables —o sea, ese lugar es una perdición. 
a la ida almorzamos en San Leo, otro pueblito medieval con un castillo en la punta de una roca gigante que es de lo más pintoresco y fue donde probé la piadina con stracchino y rúcula. el stracchino es un queso típico muy fresco y blando y cremoso que se derrite inmediatamente y queda estupendo en las piadinas. aparentemente es muy local, pero no les puedo asegurar. si alguna vez encuentran que lo venden, compren y prueben. 
cuando llegamos al lugar en cuestión a mi me agarró como una excitación así desquiciante de querer todo, llevarme todo y que sea todo mío. a medida que me voy agotando me van bajando los impulsos y se me aquieta otra vez el espíritu, pero es como que al ver todo único y de oportunidad, me invade un acelere que no me deja ni pensar. por suerte no me podía llevar ninguna pieza mayor ni muy fragil y demás, así que eso reducía mucho las posibilidades.
en el tercer piso del mercado el viejito dueño original se armó un museo con cosas de locos. algunas de ellas ilustran esto en la foto que les adjunto. son todas piezas originales de imprenta y estas particularmente son las de manifiestos y propaganda política, pero tenía todo un cuarto —el que verdaderamente me interesaba a mí— con las piezas para estampados textiles ornamentales que te morías, yo me morí, pero la luz era muy mala y las fotos no me salieron.
en un momento, mientras E. cerraba la compra de un escritorio precioso, encontré de casualidad dos zuecos de trabajo del siglo XVIII perdidos en una estantería. los agarré y se los llevé al viejito y le dije que los quería, a lo que le brillaron los ojos, se sonrió y me dijo que por 10 euros cada uno eran míos aunque él los quería para el museo, pero que si había tenido «el espíritu» de encontrarlos, no podía hacer nada. me dijo que los tenía que lijar bien y encerar y nada más.
a la vuelta volvimos analizando con E. muy sesudamente las indescriptibles letras de los Gipsy Kings, llorando de la risa porque son muy desopilantes. 
cuando llegamos a San Donato y le mostré a Tito mis zuecos, les juro que puso una cara de asombro total y se empezó a reír como nunca. yo no entendía qué significaba la reacción, hasta que me imaginé que seguramente había pensado que yo pensaba ponerme los zapatulis y que no lo había entendido como objetos.
ahí fue cuando dije que le encontraba «dos aspectos» a mis piezas, el histórico —de la indumentaria de trabajo— y el decorativo —en tanto objeto de exhibición— y así rieron todos hasta el final diciendo «hay que reconocerle que encontrarle 2 aspectos a eso es complejo», pero ya van a ver cuando los tenga lijados y encerados y todos se los quieran quedar.

día 15 bis —más del anticuario

el día antes de encontrarnos con hermanitóxico en Milán, fui con E. a un anticuario al que él suele ir y de donde salieron prácticamente todos los muebles que componen esta casa. en realidad, no es un anticuario propiamente dicho, es más bien un mercado de pulgas de un solo dueño, de muchos galpones y plantas donde tenés de todo lo que se te ocurra y a precios más que razonables —o sea, ese lugar es una perdición. 

a la ida almorzamos en San Leo, otro pueblito medieval con un castillo en la punta de una roca gigante que es de lo más pintoresco y fue donde probé la piadina con stracchino y rúcula. el stracchino es un queso típico muy fresco y blando y cremoso que se derrite inmediatamente y queda estupendo en las piadinas. aparentemente es muy local, pero no les puedo asegurar. si alguna vez encuentran que lo venden, compren y prueben. 

cuando llegamos al lugar en cuestión a mi me agarró como una excitación así desquiciante de querer todo, llevarme todo y que sea todo mío. a medida que me voy agotando me van bajando los impulsos y se me aquieta otra vez el espíritu, pero es como que al ver todo único y de oportunidad, me invade un acelere que no me deja ni pensar. por suerte no me podía llevar ninguna pieza mayor ni muy fragil y demás, así que eso reducía mucho las posibilidades.

en el tercer piso del mercado el viejito dueño original se armó un museo con cosas de locos. algunas de ellas ilustran esto en la foto que les adjunto. son todas piezas originales de imprenta y estas particularmente son las de manifiestos y propaganda política, pero tenía todo un cuarto —el que verdaderamente me interesaba a mí— con las piezas para estampados textiles ornamentales que te morías, yo me morí, pero la luz era muy mala y las fotos no me salieron.

en un momento, mientras E. cerraba la compra de un escritorio precioso, encontré de casualidad dos zuecos de trabajo del siglo XVIII perdidos en una estantería. los agarré y se los llevé al viejito y le dije que los quería, a lo que le brillaron los ojos, se sonrió y me dijo que por 10 euros cada uno eran míos aunque él los quería para el museo, pero que si había tenido «el espíritu» de encontrarlos, no podía hacer nada. me dijo que los tenía que lijar bien y encerar y nada más.

a la vuelta volvimos analizando con E. muy sesudamente las indescriptibles letras de los Gipsy Kings, llorando de la risa porque son muy desopilantes. 

cuando llegamos a San Donato y le mostré a Tito mis zuecos, les juro que puso una cara de asombro total y se empezó a reír como nunca. yo no entendía qué significaba la reacción, hasta que me imaginé que seguramente había pensado que yo pensaba ponerme los zapatulis y que no lo había entendido como objetos.

ahí fue cuando dije que le encontraba «dos aspectos» a mis piezas, el histórico —de la indumentaria de trabajo— y el decorativo —en tanto objeto de exhibición— y así rieron todos hasta el final diciendo «hay que reconocerle que encontrarle 2 aspectos a eso es complejo», pero ya van a ver cuando los tenga lijados y encerados y todos se los quieran quedar.