día 17 bis —hermanosunidos
el reencuentro con hermanitóxico fue requete emotivo y se dio en el pasillo entre nuestras habitaciones en el hotel de Milán. con Tito habíamos llegado por la tarde y ellos llegaban a la noche, así que yo estaba re nerviosa mal escuchando muy atentamente todos los movimientos que se daban en el ascensor.
estaba súper ansiosa y me pasaban un montón de cosas por dentro, en la panza más específicamente, porque es mi hermanito bebé pero al mismo tiempo tiene una cosa de ser muy luminoso que te hace mucho bien y además hace mucho que no lo veía y también venía con N., su novia, a quien yo no conocía aunque un poco sí porque es una historia de larga data que recién hace un tiempo supieron encauzar —a mí, ya saben, me encanta todo lo que sea que viva el amor.
fue todo un torbellino de emociones.
cuando nos vimos nos encontramos re cambiados. él está como grande y crecido, con brazos y manos de adulto y una espalda gigante, producto de su trabajo en las obras y demoliciones post-terremoto de NZ y yo estoy mucho más flaca y con un contorno muscular importante producto del deporte, que supongo que la gente no se da tanto cuenta pero los cambios físicos entre hermanos son mucho más notables, principalmente cuando tenés torcidos los mismos dos dientes o las mismas cejas, ponele.
también estamos cambiados a nivel caracter, menos acelerados y ansiosos y nos quedó ya un poco lejos la personalidad de adictos y también las adicciones. hay más pausas y menos manija y nos contamos los aconteceres familiares con un asombro y una distancia tan grande que a veces los cuentos nos resultan tan duros de escuchar que nos hacen vacío en el estómago, como algo que te baja la presión y te da vértigo, pero que también pasa y se va porque no es más propio, es más bien ajeno y distante.
durante todos mis veinte sentí un desamparo tan total y doloroso que no lo podía ni pensar ni tramitar ni mucho menos asumir y L. era chico y no era lo mismo, no era como ahora que me da la serenidad de saber que tenés un origen compartido —mínimo, minúsculo, de dos— que sanó.
siempre vamos a ser los súper-vivientes.
